domingo, 4 de octubre de 2015

Un prueba de que las cosas van mal

Como seres humanos somos responsables de mucho, de nosotros, del ambiente, de nuestros vecinos, parientes, pareja, de nuestros hijos y de los animales. Somos responsables de mucho, y por lo general no asumimos nunca nada. Es así, esa es la naturaleza de la ingratitud humana, esa naturaleza que no nos permite dar lo mejor de nosotros, dar todo el potencial que tenemos como individuos habitantes de esta pequeña esfera en la inmensidad. En las calles por las cuales tránsito, es cada vez más común ver algún perro que ha sido abandonado o que nace en la calle, luchando por la comida y lo poco que se consigue, y a veces, las fuerzas ni les dan para luchar.

Es triste ver que la situación no mejora, y que así tu tengas las ganas de ayudar, tus esfuerzos individuales no dan basto para alcanzar algún tipo de mejoría. Y entonces, ¿Por qué está aumentando?, ¿Por qué no se detiene el deterioro?, y simplemente es parte de un proceso de desculturización y deshumanización permanente. Venezuela se está quedando sin alimentos, las crisis solo está empeorando, y son los pobre animalitos los primeros en sentirla, pues para muchas familias humildes, tener cualquier tipo de mascota se convierte en un gasto impagable, un gasto que hay que recortar, uno que arroja al abandono, al dolor, al olvido y a la indiferencia a muchos perros, que buscan sobrevivir entre las sobras de una selva de concreto, mugre y asfalto.

La desidia solo va en aumento, y el ser humano es el próximo que será arrojado a estas calles de hambruna y miseria, si es que ya no fue arrojado. Lo cierto es que nuestras responsabilidades se están evadiendo, y lo peor es que no se puede hacer mucho para solventar dicha situación, al menos no se puede hacer algo por ahora, no mientras la economía de la patria de Bolívar nos arroje los desperdicios de una hegemonía egoísta, que solo busca el enriquecimiento de su monarquía. Mientras, quienes estamos de este lado de la pantalla solo luchamos por respirar un bocado más, muchos otros, tanto humanos como animales, mueren en las calles de nuestra linda Venezuela.


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