Como las noches taciturnas del Muran, fluyen los ríos hacia el ayer del Yere,
allí al lado de los arboles que dan sombra a esos hongos dejados a las orillas del Jerez.
Al cielo surgió de la sombra, de la tierra quien la vio llorar
del mar murmuro su nombre, del aire quien la vio mirar
atrás de los recuerdos rotos, del vapor inerte ese que sabe a Naar.